Muchas sensaciones pasan por mi
mente, preocupación, entendimiento, sorpresa pero sobre todo la sensación de
que algo está cambiando.
Nací y me crie en una familia militar, soy hijo de un excelente Suboficial Mayor de la Fuerza Aérea Argentina, Héroe de Malvinas y férreo defensor de los valores de las fuerzas armadas al servicio de la patria republicana y democrática.
Desde chico trate de comprender
muchas cosas que le sucedían a mi padre y sus pares, no solo en las fuerzas
armadas sino de seguridad. Hoy ocupa la primera plana un conflicto salarial que
para muchos es reciente pero nosotros sabemos que es de larga data. Es histórico
y es el trabajo en negro. Desde la vuelta a la democracia los uniformados
honestos, responsables y correctos, sufrieron ataques de dos índoles: Moral y Económica.
La moral es producto de malas decisiones o cuestionables de superiores que
quisieron ocupar erróneamente lugares que no le eran propios. La económica es
la que hoy sale a la luz. Son los suplementos no remunerativos, esa gran parte
del salario que distintas etapas de la vida democrática del 83 al 2012 han
tratado de eliminar con mentirosos blanqueamientos que no buscaban la dignidad
del profesional sino achicar salarios.
Debemos comprender que este legítimo
reclamo no pone en riesgo las instituciones, que las fuerzas de seguridad y
militar tienen derecho como trabajadores a reclamar lo que es justo. En otros
tiempos acostumbraban a hacerlo en alzamientos, intentos golpistas y golpes al
estado democrático. Pero la historia dejo su huella en las fuerzas y hoy lo
hacen como lo hacen maestros, médicos y otros sectores laborales. Las fuerzas
militares no poseen representación gremial, no tienen canales de negociación
salarial y están sometidos a la voluntad gobernante. Pero indigna más aun la situación
cuando dirigentes políticos reclaman a estos argentinos que tomen una postura
cuando las reglas son poco claras: se rigen por legalidad civil para ciertas
cosas y legalidad castrense para otras. Es cierto que no deben abandonar sus
puestos, como tampoco entonces deberían hacerlo docentes, médicos,
controladores aéreos, etc etc.
Quienes conocemos el pesar de estos ciudadanos, tenemos la obligación de explicar que sucede, y sobre todo transmitirle a la sociedad que la democracia no está en peligro, que el reclamo es justo y que no se debe temer.
Quienes conocemos el pesar de estos ciudadanos, tenemos la obligación de explicar que sucede, y sobre todo transmitirle a la sociedad que la democracia no está en peligro, que el reclamo es justo y que no se debe temer.
Las fuerzas de seguridad y
armadas deben ir en camino a poseer una representación profesional. Deben poder
discutir sus aumentos salariales, eso es buscar una verdadera democracia, una
republica de iguales.
Ojala dios ilumine a los
gobernantes y puedan comprender el reclamo; ojala dios ilumine a esos hombres y
mujeres fieles defensores de los intereses de la patria, para que no confundan
su reclamo legitimo con ideas extrañas que seguro algún vivillo quiere
instalar, en vez de dar una pronta respuesta.
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